¿Por qué es tan importante la alimentación en la infancia?

¿Qué conseguimos con una buena alimentación?

¿Cuál es el objetivo de este artículo?

¿Por qué en los últimos años hablamos tanto los pediatras de alimentación?

Recomendaciones generales

¿Por qué es tan importante la alimentación en la infancia?

La alimentación correcta es fundamental en los primeros años de la vida del ser humano, no sólo por la necesidad de garantizarle a un cuerpo en crecimiento todos los nutrientes como vitaminas, minerales y proteínas, sino por la importancia de crearles buenos hábitos para la vida adulta, ya que de esos hábitos dependerán muchos aspectos de la nutrición del adulto y de su salud futura.

¿Qué conseguimos con una buena alimentación?

Con una buena alimentación podemos prevenir numerosas enfermedades como la obesidad, la diabetes, las alteraciones del metabolismo de las grasas (hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia), las caries dentales y otros.

¿Cuál es el objetivo de este artículo?

En este artículo no pretendo hacer recomendaciones sobre cantidades de alimento que debemos ingerir, ya que es variable según la edad del niño, su corpulencia, su gasto energético y su situación de salud, sino dar unas recomendaciones generales aplicables a niños de cualquier edad entre los 2-18 años y también adultos para fomentar una buena alimentación de toda la familia.

¿Por qué en los últimos años hablamos tanto los pediatras de alimentación?

Nuestros hábitos han cambiado. Nuestra forma de vida ha cambiado y con ello nuestra alimentación. Ello ha desencadenado un aumento  de la prevalencia de la obesidad infantil, la diabetes, el aumento del colesterol y los trigliceridos y de las caries dentales. En la sociedad actual se cocina cada vez menos en los hogares y se consumen más alimentos procesados y precocinados.

 

Recomendaciones generales  (consejos sencillos para mejorar nuestra alimentación)

Fomentar el consumo de verduras y frutas, que deben formar parte de la alimentación diaria. Es mejor tomar la fruta entera que los zumos de fruta.

Incrementar el consumo de legumbres, al menos dos o tres veces por semana. Las legumbres son fáciles de masticar para los niños y una fuente importante de proteínas y fibras. Los platos de cuchara son una opción fácil de cocinar y durante años han constituido una base de la alimentación de los hogares. Ha sido un error desterrarlos de nuestras cocinas.

Fomentar el consumo de pescado, incluido el pescado azul, por sus beneficios desde el punta de vista cardiovascular y neurológico, gracias a su riqueza en ácidos omega 3. Aportan proteínas, yodo y menos cantidad de grasa que la carne. También son de fácil masticación y digestión.

Los huevos son un excelente aporte nutricional, ya que la clara del huevo contiene la proteína de mayor valor biológico. También aportan hierro (la yema es rica en hierro)

Reducir el consumo de carne y embutidos, por su alto contenido en grasas. Las carnes más recomendables son las de aves (pollo o pavo sin piel) y la de conejo.

Los dulces, la bollería, las galletas, las tartas y los helados son alimentos de consumo "ocasional" y nunca deben consumirse a diario, puesto que contienen una cantidad muy elevada de azúcar y de grasas no recomendables (en numerosas ocasiones aceite de palma). Recomiendo leer los ingredientes de estos productos. 

Reducir el consumo de alimentos precocinados y procesados.

La leche y derivados no debe consumirse en exceso y se debe evitar el abuso de quesos curados ya que contienen un alto contenido en grasa.

Los hidratos de carbono son alimentos de consumo diario, en forma de cereales, pan, pastas, patata, arroz. Nos aportan calorías necesarias para nuestra actividad diaria.

La grasa más recomendable es el aceite de oliva. También nos aportan grasa muy saludable los frutos secos, especialmente las nueces, almedras y avellanas (recordando que los niños pequeños no deben comerlos enteros por riesgo de atragantamiento).

Las frituras y rebozados no son recomendables. Es mejor cocinar los alimentos a la plancha, al horno o al vapor o guisados en olla a la manera tradicional.

Tampoco son recomendables los refrescos, gaseosas y zumos industriales  por su alto contenido en azucares, que solo nos aportan calorías vacías.